La exposición "El fruto de
la tierra. El plátano, el gusto en el arte",
que surge con motivo de la conmemoración del
X aniversario de la Asociación de Organizaciones
de Productores de Plátanos de Canarias –Asprocan-,
nace con dos objetivos fundamentales.
El primero, reunir las propuestas de una serie de
artistas de las Islas con el plátano como protagonista,
confrontándola con la obra de artistas ya desaparecidos
que se sintieron atraídos por la exótica
fruta del jardín de las Hespérides.
De esta manera, nos hemos encontrado con los paisajes
de Ildefonso Aguilar y González Méndez
en pleno diálogo; las frutas –diferentes-
de Juan Bordes, Juan Pedro Ayala y Antonio Padrón;
o los bodegones de Rafael Monagas y Pedro González
intimando con los nuevos puntos de vista
de César Manrique.
En segundo lugar, la muestra persigue aliviar el peso
de la imagen extremadamente folclorista que tradicionalmente
ha acompañado al plátano. Alejado momentáneamente
de las romerías y las postales turísticas,
es introducido en parajes menos conocidos, imaginarios
u olvidados...
El plátano —según escribía
en 1583 el inglés Tomás Nichols—
es el fruto de un árbol «que no lo es».
Su tronco fibroso, sin madera, crece directamente
hacia arriba, con hojas extremadamente gruesas; y
una vez que ha ofrecido al hombre su maravilloso don,
es sacrificado.
Como narra uno de los documentales que se proyectan
en la exposición, es la fruta higiénica
por excelencia y no necesita del cuchillo para mondarla,
idónea por ello para cualquier mesa.
Fruto del sudor del campesino canario, la explotación
del plátano ha moldeado gran parte de la geografía
insular mediante bancales, terrazas y atarjeas; y
su verde alfombra identifica y da identidad al paisaje
de las Islas.
En definitiva, la exposición «El
fruto de la tierra. El gusto, en el arte»
reúne en un mismo contexto diferentes miradas
sobre el plátano —tantas como artistas
participan en la exposición— que muestran
desde su origen mítico hasta las connotaciones
eróticas más evidentes. A través
de ellas es posible comprender la evolución
y los cambios —si los ha habido—en la
iconografía de una fruta que «oro parece
y plátano es»